viernes, 20 de abril de 2018

439


439...Capitulo decimoséptimo
Arte y nuevas tecnologías.


        Este capítulo nos muestra, cómo el pensamiento comienza a crear barreras con respecto a las tecnologías o dicho de otra manera, encuentra nuevas formas de expresarse, con búsquedas para la mediación, para no llegar al abuso, para avanzar desde lo ético.

       Desde el desastre nuclear, en los años años 70, se gestan movimientos humanos como un camino  que no es más que una búsqueda de propuestas de otras maneras de sostener, mantener y quizás contener, dicha humanidad.
        Desde estas nuevas propuestas nacen otros artistas, que en las búsquedas traen las fusiones con la tecnología, donde la magnitud espacio temporal histórica se pernea, donde se eleva el sentido ético del porque y para que, desde mi punto de vista, dado en el afán de no repetir, aquello que nos es doloroso recordar como raza. Según P. Virilio "cambia la visión de las cosas"; se amplia, encuentra nuevos caminos y se "libera".

        En este espacio encontraremos mujeres que han mostrado intereses artístico-tecnológico y nos regalan propuestas desde la imagen y los objetos para nuestro deleite. Con la fuerza femenina del restaurar, de las búsquedas por el arte  con nuevos lenguajes.


FELIZA BURSZTYN: Estudió pintura en la Art Students League de Nueva York y escultura en la academia La Grande Chaumière en París. En los años 60 desarrolló una gran cantidad de obras con ese material, pasando de trabajos sencillos como conglomerados de ruedas, aros, tuercas y láminas, poco soldados en torno a un eje vertical, a productos mucho más complejos.
   En la segunda parte de los 1970 realizó otros dos trabajos públicos, la escultura Andrómeda y el mural La última cena, compuesto por 276 paneles instalados a diferentes niveles, cada uno con un sinnúmero de cubiertos aplanados y pegados con soldadura de punto, que se encuentra en el Centro Hotelero del SENA en Bogotá. A principios de los 80 realizó varias esculturas, que se presentaron póstumamente.




REBECA HORN:   ALEMANA 1944, conocida por sus instalaciones artísticas, ser directora de cine y por sus modificaciones de cuerpo como Einhorn (Unicornio), un traje corporal con un gran cuerno que se proyecta verticalmente desde el casco, y Pencil Mask, un arnés para la cabeza con muchos lápices proyectándose hacia afuera. 
          La reflexión de Rebecca Horn gira en torno al cuerpo, su extensión y “maquinización”. El cuerpo es objeto y debe ser manipulado para exaltar sus posibilidades. Hace una indagación de las formas corporales, de su sensibilidad no explotada y el espacio que las contiene, a través de la escultura, el video, la instalación, la performance y el cine. En la búsqueda constante de la multiplicidad del cuerpo, Horn se obliga para configurar un proceso creativo superior al anterior.
       Sus planteamientos artísticos van encaminados  a la desfragmentación física del individuo, donde el cuerpo a pasado a ser algo irrelevante.






DARA BIRBAUM:  Nacida en 1946 es una artísta estadounidense de video e instalación que vive y trabaja en EE. UU. Birnbaum ingresó al naciente campo del videoarte a mediados y finales de la década de 1970 desafiando los sesgos de género del período y la presencia cada vez mayor de la televisión en el hogar estadounidense. Su obra aborda principalmente las características ideológicas y estéticas de los medios de comunicación  través de la intersección del videoarte y la televisión . 
   Utiliza el video para reconstruir imágenes de televisión utilizando materiales como formatos arquetípicos como concursos, telenovelas y programas deportivos. Sus técnicas implican la repetición de imágenes y la interrupción del flujo con texto y música. También es conocida por formar parte del movimiento de arte feminista que surgió en el videoarte a mediados de la década de 1970.



Todos contamos con herencias que nos acompañan en nuestro caminar; desde lo artístico , a mi modo de ver, nada es absolutamente "nuevo", todo esta sutil o fuertemente perneado por los otros y las otras; el reconocer sus labores, ennoblece nuestro caminar y nos permite contar con un piso  o escalón, desde el cual mirar más allá. 
Mil gracias.

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